En la finca de Gelo Jaloye, cada café se recoge a mano, seleccionando solo los frutos más maduros. Luego los extienden sobre camas elevadas para que se sequen al sol, pero con cuidado: durante las horas más fuertes, los cubren con lonas. Esto no solo protege los granos, sino que también crea un pequeño microclima húmedo y cálido que ayuda a que la fruta comience su fermentación de manera natural, realzando esos sabores afrutados y dulzones que tanto nos gustan.
Después de unos 30 días de secado, el café se homogeniza y está listo para salir de la finca, llevando consigo toda esa dedicación y cuidado en cada grano.